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HERNANDEZ MOMPO, Manuel

HERNANDEZ MOMPO, Manuel

BIOGRAFÍA

Hernández Mompó, ManuelManuel Mompó. Valencia, 10.X.1927 – Madrid, 24.I.1992. Pintor.

De padre pintor y profesor de Dibujo, Manuel Hernández Mompó hizo estudios de Pintura en la Escuela de Arte y Oficios Artísticos y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia a partir de 1942. Un año antes había realizado ilustraciones para cuentos.

Su padre le anima a pintar, insistiéndole en la importancia del dibujo, “dibujar y dibujar” (escribe el joven Mompó) y obligándole a tomar numerosos apuntes del natural, principalmente en las calles de su Valencia natal. No es extraña, por tanto, la afirmación del artista: Valencia está siempre en mi obra (catálogo de su exposición en el Ayuntamiento de Valencia y Galería Val-i-30, Valencia, 1969). Éste, desde la superación de momentos personales amargos, en sus inicios de pintor, insistía en el positivo valor de la pintura para conformar su mundo personal. Del joven Mompó, atento ya a las escenas callejeras de la Valencia de los primeros cuarenta, se puede leer en su texto “Manuel H. Mompó, biografía”: “Mi padre me animó constantemente para que yo fuera pintor.

Llegó a convertirme en un infatigable y disciplinado aprendiz de pintor. Dibujar y dibujar. Siempre con modelos vivos. Las gentes en las calles, cafés, familiares.

Cualquier cosa viva que se colocase delante de mis ojos, y siempre en el bolsillo el cuaderno de notas” (1984: 7).

En los años de sus estudios de Bellas Artes entra en contacto con pintores como Manolo Gil, Eusebio Sempere y Javier Clavo, obteniendo en 1946 la Medalla de Oro de Pintura en la Exposición de Arte Universitario de Valencia.

Son años en los que Mompó continúa el aprendizaje del oficio de pintor en su ciudad natal. En esas fechas realiza copias del Autorretrato de Velázquez o el Bayeu de Goya del Museo de Bellas Artes San Pío V de Valencia. Es tiempo de “aburrimiento combinado con ilusión” (1894: 7) en los que se encuentra a un joven, pero ya maduro, pintor, como refleja la muy hermosa vista urbana, de grises sutiles y luminosos, en la que se anuncia el gris como de plata vieja de los cuadros de los sesenta: vista de los Tejados de Valencia desde la Lonja (1946).

En 1948 celebra su primera exposición individual en el Centro Artístico de Granada, ciudad a donde acude pensionado por la Residencia de Pintores. Este mismo año expone en la Sala Prat de Valencia.

Obtiene el título de profesor de Dibujo en 1949, año en el que conoce al arquitecto Miguel Fisac. En 1950 expone en la Sala Mateu de Valencia.

Su primer deslumbramiento pictórico lo tiene a raíz de conocer in situ, en París, en 1951, la pintura impresionista y las vanguardias pictóricas. El mismo artista cita: Cezanne, Chagal, Picasso, Duffy, Matisse, Braque, Magritte… “todo cuanto veo me deslumbra” (1984: 8)En esta ciudad expone colectivamente en la Galerie La Boetie. En ese viaje traba amistad con Juana Francés, Chillida y Escassi, y a su retorno muestra, en la valenciana Sala Mateu, la exposición “París visto por Hernández Mompó”.

En 1954 marcha a Roma, residiendo en la Academia Española de Bellas Artes, y allí conoce, entre otros, a Salvador Dalí, Giorgio de Chirico, Ataulfo Argenta, Lucio Muñoz y Luis García Berlanga. Coincidiendo con su estancia en Italia obtiene el premio Navigazione Italiana, participando en la exposición, celebrada en Viareggio “El paisaje italiano visto por los artistas extranjeros”.

Recorre todo Italia: “cuánta admiración hacia los Etruscos. El Foro Romano, los mosaicos de Ravena, Leonardo, Giotto, Piero Della Francesca, Mantegna, Carpaccio… Por el Veneto, Toscana, Umbria. Por los del siglo actual: Modigliani, Boccioni, Severini, Chirico, Carrá, Morando” (1984: 9).

Sus viajes continúan: en 1955 marcha a Holanda, impresionado por las colecciones de sus museos, especialmente los del Stedlejik Museum y Kröller Muller.

Le fascina la pintura de Rembrandt y Vermeer.

Este mismo año participa en la III Bienal Hispanoamericana.

En 1956 regresa a España, exponiendo en la Sala Carpa de Madrid y en la Galería Stella de Gijón. Un año después expone en la Sala Clan de Madrid conociendo a Andreu Alfaro, Antonio López García, Juan Barjola y César Manrique. Se interesa, en 1958, por la técnica del mosaico, que estudia gracias a una beca de la Fundación Juan March, colaborando con el arquitecto José Luis Fernández del Amo. Este mismo año, expuso en el Ateneo de Madrid publicándose, con esta ocasión, la primera monografía sobre su obra: Siete notas sobre pintura y algo de Hernández Mompó, escrita por Luis García Berlanga quien muestra su admiración por “los púrpuras violentos, alternativamente fríos o calientes y por esa goma de borrar mágica con la cual el pintor anula del objeto todo lo superfluo hasta dejar el armazón puro del verdadero origen que nace en el final de las cosas”. Este año traba amistad con José María Moreno Galván, José Guinovart y Albert Ràfols Casamada.

Gran parte de sus frecuentes viajes en las décadas cincuenta y sesenta —muy especialmente las citadas estancias en Italia y Holanda— tienen como finalidad el conocimiento de la pintura existente en estos países.

El Museo Nacional de Arte Contemporáneo adquiere una de sus obras en 1959 y el Instituto Nacional de Colonización le encargó un mosaico de grandes dimensiones para la fachada de la iglesia de Villalba de Calatrava (Ciudad Real).

En la década de 1960 participa en la mayoría de las exposiciones colectivas que sobre arte español, comisariadas por Luis González Robles, se muestran en diversos museos del mundo. Su obra se incluye así, 1960, en Spanische Kunst (Berlín, Viena y Copenhague), y en 1961, en la II Biennale de Paris, Art Espagnol Contemporain, en Bruselas y Contrastes de la pintura española de hoy (San Francisco, Berkeley, Denver, Dallas y Nueva York).

En 1962, año en el que conoce a Fernando Zóbel, obtiene la 2.ª Medalla de Pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid. Expone en la Galería Diario de Noticias, en Lisboa, Mortimer Brandt Gallery, de Nueva York y en el Círculo de la Amistad de Córdoba. Un año después recibe el Gran Premio de Pintura en el II Certamen Nacional de Artes Plásticas, celebrado en Madrid. Exposición individual en la Galería Biosca (1963). Este mismo año conoce a Manolo Millares, Antonio Saura, Pablo Serrano y Gustavo Torner.

En 1964 Mompó reside en Cuenca en donde pinta el boceto y la pintura final de la obra del Museo de Arte Abstracto Español Semana Santa en Cuenca. La Galería Juana Mordó se inaugura el mismo año. En la exposición inaugural de esta galería, lugar habitual de exposición de los artistas vinculados al Museo de Cuenca citado, abierto el 30 de junio de 1966, participa Mompó. En esta misma sala expondrá, individualmente, en siguientes años (1965 y 1977).

En 1966 obtiene la 1.ª Medalla de Pintura en la Exposición de Bellas Artes, exponiendo individualmente en la Galerie Claude Bernard de París. El año siguiente expone en la Galería Buchholz de Múnich y en la bilbaína Galería Grises.

1968 es año fundamental en el devenir artístico de Mompó: participa en la XXXIV Biennale de Venecia y obtiene el Premio de la UNESCO. Realiza para la Galerie Maeght de París un conjunto de obra grabada.

En 1969 expone en la galería valenciana Val-i-30 y en las salas del Ayuntamiento de su ciudad. Participa en el homenaje a Joan Miró, celebrado en Madrid.

En 1971 realiza Seis escenas cotidianas descritas y pintadas por Manuel H. Mompó, conjunto de seis serigrafías estampadas por Abel Martín y editadas por el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.

Durante los años setenta su residencia se fija en Palma de Mallorca, ciudad en la que expone, en la Sala Pelaires, en 1974. Posteriormente, 1977, trasladará su estudio a Alaró, también en Mallorca. En esta Sala volverá a exponer años después (en 1981 y 1991).

En 1976 Philippe André Rihoux escribe la tesis Mompó, peintre espagnol contemporain. Analyse de l’espace de la Universidad Libre de Bruselas.

Este mismo año expone en la Galería Trece de Barcelona (en 1978 mostrará, de nuevo, sus obras en esta galería).

A partir de 1977 comienza a exponer con la Galería Theo, su galería habitual en estos años (en esta galería expondrá de nuevo en 1986). En 1982, año en el que obtiene en Valencia el Premio Alfons Roig, el Museo de Bellas Artes de Caracas realiza una antológica sobre su obra. Este año traslada su residencia a Madrid, participando en los Talleres de Arte Actual del Círculo de Bellas Artes.

La Sala Parpalló, en Valencia, y el Palacio Medicis-Riccardi, en Florencia, presentan en 1982 exposiciones retrospectivas sobre su obra. En 1984 recibe el Premio Nacional de Bellas Artes y en 1987 es nombrado académico de la Real Academia de San Carlos de Valencia. Recibe, en 1990, el Premio al Mérito Cultural de la Generalitat Valenciana.

Su pintura permaneció, a pesar del paso de los años, siempre fiel a una constante que ya se adivinaba en sus primeros dibujos infantiles. Sobre esto escribirá el artista en las notas biográficas que se vienen citando, de 1984, que “son el principio de lo que será una constante en mi obra. Un espacio abierto, un paisaje y mucha gente en colectividad. Están de fiesta. En libertad”.

Adscrito a la vanguardia, desde la soledad del trabajo, y sin necesidad de acudir a nuevos materiales o innovaciones técnicas, su temática permaneció fiel a unas constantes en las que los rasgos caligráficos y notas de color inundan el lienzo. Él mismo declaraba que “no necesité nunca, al pintar, usar materiales de arenas, maderas, collages, gruesos de color, etc. Me preocupaba decir las cosas con los mínimos elementos, el color extendido con el justo espesor para cubrir el lienzo” (1984: 11-12).

En sus escritos siempre recogió una suerte de panteísmo pictórico, del que no es ajeno su pasión por lo oriental: nubes, pájaros, soldados, campesinos… o, en sus palabras en el catálogo de su exposición en la galería Juana Mordó de Madrid, en 1973: “Una mujeruna ventana-una risa-un hombre-una luz-un deseouna sombra azul-un pájaro-una pareja abraza-unos niños-un sol-un soldado llorando-un temblar-una mano con otra-un hasta mañana-un baila al corrouna voz que llama-un beso-una carta-una canciónuna charanga-un escaparate-una bicicleta-unos campesinos- unos gritos-unos globos-una sombrilla-un color-un mercado-un empate-un velero-un botijouna huella-una flor-un barco-un camino-una calleun mundo-una cama-una silla-un vecino-una alegríaun vendedor-una luna-un horizonte-un organillo-un suelo colectivo-un espacio-un placer-un palpar-un rumor-un despertar”. No es extraño que Juan Manuel Bonet escriba entonces que algunas obras de Mompó poseen el aspecto “elemental y sencillo de ciertas pinturas de monjes zen” (Bonet, 1993: 15).

A partir del final de la década de los setenta realizó esculturas u objetos tridimensionales pintados. Algunos de ellos de metacrilato (serie “Alaró”) o chapa metálica, sobre los que realizaba sus dibujos. En muchas de las esculturas de chapa añade recortes e incisiones que emulan un collage de papel.

El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), en 1991, realiza la exposición Mompó. Constelaciones, representaciones, signos. Fallecido en 1992, un año después se muestra en el Museo de Teruel la exposición Mompó íntimo (1958-1970).

Entre 1997 y 2001 se realiza una gran retrospectiva: Manuel Mompó, 1927-1992 (Sala Amós Salvador, Cultural Rioja, Logroño; Palacio Almudí, Murcia; Palacio San Jorge, Cáceres; Museo de la Pasión, Valladolid; Museo Pablo Serrano, Zaragoza, y Sala Municipal del Colegio de Arquitectos, Córdoba).

La pintura de Manuel Hernández Mompó reivindica las cuestiones espaciales: el artista quiere que sus cuadros sean espacio. Que sean blancos, cada vez —según avance su pintura— lo serán más, para instalar en ellos sus signos, a modo de escenas, o más bien fragmentos o ecos de escenas, de cosas que pasan o han pasado. Escenas de las que muchas veces parecen no quedar más que los ecos, sugerencias que tienen que ver con el enigma del fragmento atrapado, detenido o ralentizado. Ese trozo de vida en el que, en palabras del artista, “pasan cosas”, hay materia, gentes y espacios, pero también sugerencias y sensaciones.

Muchas de esas sugerencias tienen que ver con ese ir y ocultarse de los signos de Mompó, que parecen ir y venir del blanco al blanco, no superponiéndose sino apareciendo y desapareciendo. Lo que Moreno Galván había llamado “la alusión y la elusión” de Mompó.